¿Qué es Invertir? La Psicología Detrás de Crear Riqueza

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Foto: Archivo.

P ara comprender mejor qué ocurre detrás de nuestra mente, es necesario acudir al estudio de la psicología del comportamiento humano frente al dinero de forma racional.

También debemos abrirnos paso a través de las emociones que aparecen cuando existe una sensación positiva, es decir, "vamos ganando", o una sensación negativa: "vamos perdiendo".

Y con esto me refiero a qué papel juega nuestra mente cuando se combinan las emociones con la presión intensa de tener incertidumbre y hasta dónde podría llevarnos esto.

No obstante, este análisis no es un paso a paso de qué debes hacer o qué camino seguir. Es más bien una mirada a las preguntas que nos causan incomodidad al invertir dinero y que, en la mayoría de los lugares, no se responden con claridad.

¿Cómo influye la mentalidad en el dinero y la riqueza?

Cuando era pequeño quería tener una bicicleta. No tenía el dinero suficiente para comprarla, así que empecé a pensar en cómo podría conseguirla.

En ese momento no entendía demasiado sobre mis propias emociones. Solo sabía que quería esa bicicleta y que la quería rápido. Incluso podían aparecer pensamientos como pedir dinero prestado, buscar alguna forma de conseguirlo o intentar encontrar un trabajo, aunque todavía era menor de edad.

Lo curioso es que la bicicleta no era una necesidad urgente. Pero mi mente comenzaba a interpretarla como si lo fuera.

El deseo crecía cada vez que pensaba en ella. Y cuanto más la quería, menos importante parecía preguntarme si realmente necesitaba tenerla en ese momento. Lo único que parecía importar era encontrar la manera de conseguirla.

¿Cómo afectan las emociones nuestras decisiones de inversión?

Visto desde la distancia, puedo entender que aquello no era simplemente querer una bicicleta. También estaba experimentando una emoción que todavía no sabía reconocer ni controlar: la sensación de que aquello que deseamos debe conseguirse cuanto antes.

¿Qué habría hecho la mayoría de las personas en una situación parecida? ¿Cuántas decisiones tomaríamos de manera diferente si pudiéramos reconocer lo que está ocurriendo dentro de nosotros antes de actuar?

Quizás esa misma dinámica aparece después en nuestra relación con el dinero. Solo que, cuando somos adultos, ya no estamos pensando en una bicicleta. Podemos estar pensando en una inversión, en una ganancia que queremos conseguir rápidamente o en recuperar algo que acabamos de perder.

Y entonces la pregunta deja de ser únicamente “¿qué quiero conseguir?” para convertirse en otra mucho más incómoda: “¿por qué siento que necesito conseguirlo ahora?”

FUNDAMENTOS DE INVERSIÓN

¿Qué es invertir?

Después de analizar el comportamiento que acompaña a las decisiones financieras, Código Millonario entiende la inversión como un proceso mediante el cual una persona destina recursos con el propósito de obtener un beneficio futuro, asumiendo para ello un determinado nivel de incertidumbre y riesgo.

NOTA EDITORIAL

Este artículo presenta un análisis desarrollado por Código Millonario a partir de estudios y conceptos relacionados con la psicología, el dinero y la toma de decisiones a través de las emociones.

Su propósito es explorar cómo estas pueden influir en la relación de las personas con el dinero y las inversiones, interpretando estos comportamientos desde una perspectiva colectiva y humana.

RESPONSABILIDAD DEL LECTOR

Cada lector tiene la última palabra sobre sus decisiones financieras. La información aquí presentada invita al análisis, no sustituye la responsabilidad de decidir con prudencia.

Cómo tomar mejores decisiones al invertir dinero

Para muchos, una inversión se divide en dos momentos: el antes y el después, cuando ganamos o cuando perdemos. Pero pocas veces interpretamos esas ganancias o pérdidas como algo que puede estar acompañado por una emoción capaz de influir en la decisión que estamos a punto de tomar.

Todos somos responsables de nuestros actos, o eso creemos, hasta que las emociones comienzan a tomar el control de aquello que pensábamos mantener bajo un nivel racional de nuestra mente.

En la historia anterior aparece un comportamiento que probablemente ya hemos experimentado en algún momento, y no solamente durante nuestra infancia. Se trata de una serie de emociones que pueden surgir cuando deseamos algo y sentimos que necesitamos conseguirlo:

MAPA EMOCIONAL 20 EMOCIONES

Algunas emociones pueden aparecer antes de que comprendamos realmente por qué estamos actuando.

  1. 01
    Deseo

    Querer conseguir aquello que imaginamos.

  2. 02
    Ilusión

    Anticipar lo bien que se sentiría tenerlo.

  3. 03
    Entusiasmo

    Sentir energía ante la posibilidad de conseguirlo.

  4. 04
    Impaciencia

    Querer obtenerlo cuanto antes.

  5. 05
    Ansiedad

    Sentir presión por no tenerlo todavía.

  6. 06
    Frustración

    Experimentar malestar porque los recursos no alcanzan.

  7. 07
    Envidia

    Compararse con quienes ya tienen aquello que uno desea.

  8. 08
    Ambición

    Aumentar el esfuerzo para conseguir algo más.

  9. 09
    Urgencia

    Percibir que hay que actuar inmediatamente.

  10. 10
    Esperanza

    Creer que existe una posibilidad de conseguirlo.

  11. 11
    Miedo

    Pensar que quizá nunca podremos obtenerlo.

  12. 12
    Inseguridad

    Dudar de nuestra capacidad para conseguirlo.

  13. 13
    Culpa

    Cuestionar algunos pensamientos o acciones relacionados con el deseo.

  14. 14
    Vergüenza

    Sentirse inferior por no poder tener lo mismo que otros.

  15. 15
    Obsesión

    Pensar repetidamente en aquello que queremos.

  16. 16
    Euforia

    Sentir una emoción intensa cuando finalmente aparece una posibilidad.

  17. 17
    Alivio

    Sentir que la presión desaparece cuando vemos una solución.

  18. 18
    Confianza

    Creer que finalmente podremos conseguirlo.

  19. 19
    Decepción

    Sentir que el resultado no estuvo a la altura de lo esperado.

  20. 20
    Codicia

    Cuando el deseo de obtener más empieza a superar el criterio.

Estas conductas no aparecen únicamente cuando somos pequeños. También pueden acompañarnos cuando todavía no comprendemos del todo qué ocurre detrás de una inversión. Porque invertir no consiste simplemente en poner dinero y esperar un resultado; al menos, no cuando existen decisiones, riesgos y expectativas que pueden cambiar nuestra manera de actuar.

¿Cómo evitar errores financieros causados por las emociones y el dinero?

Sentir emociones no es algo malo. Todo ser humano experimenta miedo, deseo, entusiasmo, frustración o esperanza dependiendo de la circunstancia, el lugar y el momento. Las emociones forman parte de nuestra manera de interpretar lo que ocurre y no pueden separarse por completo de nuestras decisiones.

El problema aparece cuando dejamos que una emoción momentánea determine por completo aquello que hacemos. En ese instante, permitimos que una reacción pasajera influya sobre una decisión sin detenernos a pensar en sus posibles consecuencias.

La urgencia por conseguir aquella bicicleta podía parecer suficiente para actuar inmediatamente. Sin embargo, sentir que necesitábamos algo con desesperación no significaba que cualquier camino para conseguirlo fuera conveniente.

Algo parecido puede ocurrir muchos años después con el dinero. Quizás ya no queremos una bicicleta. Ahora queremos comprar una casa, conseguir un carro, aumentar nuestros ahorros o encontrar una inversión que pueda multiplicarse rápidamente.

El objeto cambia, pero la sensación puede ser sorprendentemente parecida: queremos conseguir algo y nuestra mente comienza a buscar una solución antes de detenerse a evaluar completamente sus consecuencias.

Por eso, invertir, ahorrar, ganar dinero o perderlo son, en última instancia, consecuencias de una acción tomada previamente. El resultado puede ser favorable o desfavorable, pero lo verdaderamente importante es comprender qué ocurrió antes de ese resultado, qué decisión tomamos y qué emociones estaban presentes cuando la tomamos.

La pregunta entonces deja de ser únicamente cuánto podemos ganar o cuánto podemos perder. También necesitamos preguntarnos:

01 PREGUNTA PARA EL LECTOR
“

¿Estoy tomando esta decisión porque realmente es conveniente para mí, o porque necesito satisfacer la emoción que estoy sintiendo en este momento?

EMOCIÓN ASOCIADA

Exceso de confianza: cuando una estrategia funciona durante demasiado tiempo, podemos comenzar a creer que seguirá funcionando incluso cuando las condiciones ya han cambiado.

Nicolas Cage: cuando la confianza puede aumentar el riesgo financiero

Durante años, Nicolas Cage generó grandes ingresos gracias a su carrera cinematográfica y destinó una parte importante de su patrimonio a propiedades inmobiliarias. Con el tiempo, el propio actor reconoció que había quedado “sobreinvertido” en bienes raíces.

Cuando el mercado inmobiliario cayó, esa concentración comenzó a convertirse en un problema. En una entrevista con CBS News, Cage explicó que no pudo salir a tiempo de algunas de esas inversiones y terminó enfrentando obligaciones fiscales y financieras que rondaban los 6 millones de dólares.

Para hacer frente a la situación, continuó trabajando intensamente durante años y llegó a realizar varias películas al año. El problema no fue simplemente haber tenido una gran fortuna, sino haber concentrado una parte importante de ella en activos cuya situación podía cambiar.

Desde la psicología del dinero, su historia permite observar una emoción concreta: el exceso de confianza. Una estrategia puede funcionar durante años y reforzar la sensación de que seguirá funcionando, hasta que las condiciones cambian y la persona descubre que su exposición al riesgo era mayor de lo que parecía.

Esto no significa que Nicolas Cage haya tomado sus decisiones únicamente por exceso de confianza. Es una interpretación desde la psicología del dinero: su caso muestra cómo confiar demasiado en una determinada forma de administrar el patrimonio puede dificultar la reacción cuando el escenario deja de ser favorable.

EMOCIÓN ASOCIADA

Deseo: cuando mantener un nivel de consumo y satisfacción puede pesar más que la necesidad de preservar el patrimonio.

Mike Tyson: ganó una fortuna extraordinaria, pero el dinero comenzó a desaparecer

Mike Tyson alcanzó una posición económica extraordinaria durante su carrera como boxeador. Se convirtió en campeón mundial de los pesos pesados y llegó a generar, según un reporte de CNN, alrededor de 300 millones de dólares a lo largo de su trayectoria profesional.

Sin embargo, ganar semejante cantidad de dinero no significó que pudiera conservarla. Con el paso de los años, Tyson acumuló propiedades, automóviles, joyas, animales exóticos y gastos relacionados con su entorno personal. Un reporte de CBS News señaló que gran parte de sus ingresos habían sido destinados a mansiones, automóviles, joyas y regalos para personas de su círculo.

La situación llegó a un punto crítico en 2003, cuando Tyson solicitó protección bajo el Capítulo 11 de la legislación estadounidense sobre bancarrota. Para entonces, sus deudas habían superado su capacidad para hacer frente a ellas. Entre sus obligaciones se encontraban más de 13 millones de dólares con el IRS y aproximadamente 4 millones con las autoridades fiscales británicas, además de otras deudas.

Lo llamativo es que el problema no apareció porque Tyson hubiera dejado de generar dinero inmediatamente. Incluso antes de declararse en bancarrota continuaba recibiendo grandes cantidades por sus combates. El problema era que los ingresos extraordinarios convivían con un nivel de gastos igualmente extraordinario.

En la cobertura de CNN, Tyson defendió su derecho a gastar su dinero como quisiera y llegó a expresar que, incluso teniendo problemas fiscales, podía seguir gastando grandes cantidades en ropa si así lo deseaba. Esa declaración resulta interesante para el análisis de este artículo porque muestra cómo una persona puede reconocer que existe un problema financiero y, al mismo tiempo, mantener una relación con el dinero basada en el deseo de continuar haciendo aquello que le produce satisfacción.

También existieron otros factores. Tyson tuvo conflictos legales, problemas con antiguos representantes y posteriormente demandó al promotor Don King alegando que había sido perjudicado económicamente. Por eso, sería demasiado simplista decir que su bancarrota ocurrió únicamente por gastar demasiado. Hubo múltiples factores involucrados.

Pero la historia deja una enseñanza clara: generar riqueza y conservar riqueza no son exactamente la misma habilidad. Una persona puede ganar cientos de millones y aun así terminar enfrentándose a una situación financiera crítica si sus decisiones de consumo, sus obligaciones y la administración de su patrimonio no mantienen una relación sostenible.

EMOCIÓN ASOCIADA

Normalización del lujo: cuando un nivel de gasto extraordinario comienza a sentirse normal y mantenerlo deja de percibirse como una elección excepcional.

Johnny Depp: cuando una fortuna enorme puede quedar bajo presión por el nivel de vida

Durante los años de mayor éxito de Johnny Depp, especialmente después de convertirse en una de las grandes estrellas de Hollywood con películas como Pirates of the Caribbean, sus ingresos alcanzaron niveles extraordinarios. Sin embargo, en 2017 apareció públicamente una disputa financiera entre Depp y la empresa que durante años había administrado parte de sus asuntos económicos.

Depp demandó a The Management Group, acusando a sus antiguos administradores de haber manejado incorrectamente su dinero y de haber cometido diversas irregularidades. La empresa respondió con una contrademanda y presentó una versión completamente diferente: sostuvo que los problemas financieros del actor estaban relacionados con un estilo de vida que, según sus cálculos, costaba más de 2 millones de dólares al mes.

De acuerdo con la información publicada por CBS News, los antiguos gestores afirmaron que Depp había gastado más de 75 millones de dólares en la adquisición y mantenimiento de 14 viviendas, además de importantes cantidades relacionadas con un yate, vuelos privados, obras de arte y objetos de colección.

La misma demanda sostuvo que el actor había recibido advertencias sobre sus gastos y que no habría seguido determinadas recomendaciones para reducirlos. Depp, por su parte, defendía una posición completamente distinta y afirmaba que sus antiguos gestores habían administrado mal su fortuna, además de acusarlos de otros problemas relacionados con sus finanzas y sus obligaciones fiscales.

Por eso, este caso requiere cierta prudencia. No sería correcto afirmar que Depp perdió su dinero únicamente por gastar demasiado, porque las dos partes presentaron acusaciones diferentes y el conflicto terminó siendo resuelto mediante un acuerdo. En 2018, las partes llegaron a un acuerdo para cerrar la disputa sin revelar públicamente todos sus términos.

Lo que sí quedó expuesto durante aquella disputa fue la enorme dimensión de los gastos que podían acompañar el estilo de vida de una estrella de Hollywood. Tener varias propiedades, personal, aviones, colecciones y otros bienes de lujo no representa únicamente el precio de comprarlos; también implica mantenerlos, administrarlos y continuar generando ingresos suficientes para sostenerlos.

Y ahí aparece una cuestión que va más allá de Johnny Depp: cuando una persona comienza a ganar mucho dinero, también puede aumentar la cantidad de cosas que considera normales dentro de su vida. Lo extraordinario puede convertirse en cotidiano y, con el tiempo, aquello que antes parecía un lujo puede sentirse como una necesidad.

El problema financiero puede aparecer cuando ese nivel de vida crece más rápido que la capacidad de mantenerlo. La riqueza no solamente depende de cuánto dinero entra; también depende de cuánto necesita salir para sostener la vida que hemos decidido construir.

¿Qué ocurre cuando tener dinero se vuelve normal?

En los casos anteriores aparece algo que puede resultar fácil de pasar por alto: después de conseguir dinero, también podemos acostumbrarnos a tenerlo. Lo que al principio parecía extraordinario comienza a sentirse normal y, con el tiempo, podemos actuar como si aquello fuera a permanecer con nosotros para siempre.

Ahí es donde una emoción puede empezar a ocupar el lugar de una decisión. La persona no necesariamente deja de pensar, solo que aquello que puede sentirse en ese momento es aceptar que será eterno, gastar más, asumir riesgos altos porque hay de sobra o ignorar señales que antes habríamos considerado importantes en una situación de apuros económicos.

Y quizá esa sea una de las partes más difíciles de reconocer cuando hablamos de dinero: muchas decisiones parecen razonables mientras todo marcha bien. El problema aparece cuando las circunstancias cambian y descubrimos que habíamos construido nuestra tranquilidad sobre algo que no estaba garantizado.

¿Qué decisiones pueden cambiar nuestra riqueza?

En la construcción de riqueza, las emociones no necesariamente están presentes con la misma intensidad durante todo el proceso. Muchas veces desaparecen mientras una persona trabaja, ahorra, aprende, construye un negocio o desarrolla un proyecto durante años. Sin embargo, pueden reaparecer precisamente en los momentos que más importan: cuando llega una decisión difícil, aparece una oportunidad inesperada, surge una pérdida o es necesario cambiar el rumbo.

Esas etapas pueden parecer pequeñas desde afuera, pero dentro de un proyecto pueden representar decisiones capaces de cambiar todo lo que se ha construido hasta ese momento. Una inversión importante, una expansión, la entrada de un socio, una deuda, la venta de un activo o la decisión de continuar cuando las cosas no están funcionando pueden poner nuestras emociones nuevamente en el centro.

Ahí es donde la construcción de riqueza deja de ser solamente una cuestión de trabajar y acumular dinero. También exige atravesar momentos en los que no existe una respuesta evidente y debemos decidir qué hacer con aquello que hemos construido. Las emociones pueden aparecer con mayor fuerza precisamente cuando el valor de la decisión aumenta.

Por eso, quizá uno de los momentos más importantes para observar nuestra relación con el dinero no sea cuando todo está tranquilo, sino cuando una decisión puede cambiar el rumbo de años de esfuerzo.

Cómo superar las emociones cuando el dinero está en juego

Superar estas emociones no significa dejar de sentirlas. Sería imposible y tampoco tendría sentido. El miedo, la euforia, la ambición o la ansiedad aparecen porque existe algo importante en juego. La verdadera diferencia está en qué hacemos cuando aparecen.

Una de las mejores formas de enfrentarlas es apoyarnos en aquello que ya estudiamos y planificamos antes de tomar una decisión. Cuando existe un plan bien construido, con objetivos claros, límites definidos y escenarios que fueron considerados previamente, no necesitamos improvisar cada vez que el mercado, el negocio o una inversión cambia de dirección.

Ahí es donde la planificación adquiere otro valor. No se trata solamente de saber qué hacer cuando todo sale bien, sino de haber pensado qué hacer cuando aparezca aquello que puede hacernos cambiar de opinión bajo presión.

Si una pérdida estaba contemplada, no debería ser la sorpresa del momento la que decida por nosotros. Si habíamos establecido cuánto estábamos dispuestos a arriesgar, tampoco debería ser la euforia de una ganancia la que nos lleve a asumir más de lo previsto. Y si las condiciones realmente cambiaron, entonces podemos modificar el plan, pero porque apareció una razón nueva y no simplemente porque una emoción tomó el control.

Por eso, la protección frente a nuestras propias emociones comienza mucho antes del momento de mayor tensión. Se construye cuando estudiamos, analizamos, establecemos límites y dejamos por escrito qué estamos dispuestos a hacer antes de que llegue el momento en el que resulte difícil pensar con claridad.

Las emociones seguirán apareciendo. La diferencia es que ya no tendrán que decidir por nosotros.

¿Qué papel juega la psicología en la construcción de riqueza?

Las emociones no son el enemigo. Forman parte de nosotros y aparecen, especialmente, cuando aquello que está en juego tiene un valor importante. El miedo puede aparecer ante una pérdida, la euforia después de un resultado favorable y la ambición cuando sentimos que todavía podemos conseguir más. El problema comienza cuando dejamos que aquello que sentimos en un momento determinado cambie una decisión que habíamos pensado con calma.

Por eso, una de las pocas cosas capaces de hacerle frente a la emoción del momento es aquello que construimos antes de llegar a él: el estudio, la preparación y un plan que contemple tanto el camino que queremos recorrer como aquello que podría desviarlo o destruirlo.

No todo puede planearse. La realidad siempre puede presentar circunstancias que nadie había previsto. Pero eso no significa que debamos comenzar sin haber pensado en los escenarios que podrían poner en riesgo nuestro objetivo. Una inversión, un negocio, un proyecto o incluso un propósito personal pueden cambiar de dirección; lo importante es haber considerado previamente qué situaciones podrían obligarnos a detenernos, modificar el rumbo o proteger lo que ya hemos conseguido.

La diferencia se vuelve todavía más importante cuando nuestras decisiones dejan de ser individuales. Las emociones también pueden propagarse entre grandes grupos de personas. Una tendencia puede generar entusiasmo, el entusiasmo puede convertirse en confianza y esa confianza puede llevar a miles de personas a seguir una misma dirección sin detenerse a preguntarse qué están comprando, por qué lo hacen o qué podría ocurrir si la percepción cambia.

La historia financiera está llena de momentos en los que el entusiasmo colectivo terminó impulsando activos, negocios o tendencias que parecían imposibles de detener. Mientras todo sube, resulta sencillo pensar que quienes participan están tomando una buena decisión. Cuando la percepción cambia, muchos descubren que habían seguido una emoción colectiva sin haber construido una respuesta para el momento en que esa emoción desapareciera.

Ahí vuelve a aparecer la importancia del plan. No porque pueda garantizar un resultado, sino porque permite regresar a una decisión tomada antes de que el miedo, la euforia, la presión o la ambición alcancen su mayor intensidad.

Construir riqueza exige tomar decisiones durante años, y durante ese tiempo habrá momentos en los que queramos acelerar, detenernos, arriesgar más o abandonar aquello que habíamos comenzado. Sentir esas emociones es parte del proceso. Permitir que ellas decidan por nosotros es otra cosa.

Al final, quizá la pregunta más importante no sea cuánto podemos ganar ni cuánto podemos perder. Es saber si, cuando llegue el momento de mayor presión, todavía tendremos la claridad suficiente para recordar por qué comenzamos y qué habíamos decidido hacer antes de que las emociones aparecieran.

También existe otro elemento que puede intensificar nuestras emociones: la falta de experiencia y conocimiento. Cuando enfrentamos por primera vez una situación que no comprendemos, es más fácil que la incertidumbre se convierta en miedo, que un resultado favorable se transforme en euforia o que una oportunidad que no sabemos evaluar parezca mucho mejor de lo que realmente es.

Con el tiempo, estudiar, observar y atravesar distintas experiencias puede cambiar nuestra manera de reaccionar. No porque dejemos de sentir, sino porque comenzamos a reconocer situaciones que antes podían parecer completamente nuevas. Comprender lo que ocurre nos permite responder con mayor claridad cuando las emociones intentan adelantarse a la decisión.

Autor del artículo

Opinión del autor

Francisco Urrego

Desde la perspectiva de Código Millonario, las emociones no deberían entenderse como algo que debemos eliminar para construir riqueza. Sería imposible. El miedo, la ambición, la ilusión, la confianza y hasta la incertidumbre forman parte de cualquier persona que tenga algo importante en juego.

Lo que sí podemos cambiar es el lugar que ocupan cuando llega una decisión importante.

Una emoción puede aparecer en segundos. Un plan puede haber requerido meses o incluso años de preparación. Por eso, cuando ambos entran en conflicto, consideramos que la decisión debería regresar a aquello que fue pensado antes de que apareciera la presión del momento.

No siempre tendremos la experiencia suficiente para saber qué hacer, ni podremos anticipar todo lo que ocurrirá. Pero sí podemos estudiar antes de comenzar, conocer aquello en lo que estamos entrando y establecer límites para proteger aquello que queremos construir.

Para nosotros, ahí existe una diferencia importante entre reaccionar y decidir. Reaccionar es actuar desde lo que sentimos ahora. Decidir es recordar lo que habíamos considerado cuando todavía podíamos observar la situación con mayor tranquilidad.

Construir riqueza no consiste en acertar cada vez. Consiste también en permanecer suficientemente preparado para que un error, una pérdida o un momento de euforia no destruyan todo aquello que tomó años construir.

Y quizá esa sea una de las mayores pruebas de la inteligencia financiera: no demostrar cuánto podemos ganar cuando todo marcha bien, sino cuánto somos capaces de proteger cuando las circunstancias dejan de hacerlo.